El vino desde los orígenes: una inmersión en la «religión» de Ontañón

Cada detalle, cada sala, cada elemento artístico en Bodegas Ontañón es una declaración de intenciones donde el azar no tiene cabida. No es casualidad que este proyecto vitivinícola de Gabriel Pérez se asiente en el que fuera el centro neurálgico de la elaboración de vino en La Rioja en la época romana, el actual barrio de Varea. No es casualidad que los suelos de sus instalaciones luzcan en colores ocres como si del terruño queleño se tratase. No es casualidad, tampoco, que el hilo conductor de la bodega sea la mitología griega que gira en torno al mundo del vino.

Ganímedes, el copero de Zeus, da la bienvenida a una bodega en un enclave industrial que rápidamente se convierte en una especie de templo religioso. Y es que eso es justamente lo que el artista Miguel Ángel Sáinz, fiel amigo de Gabriel, quiso trasladar al conjunto de la bodega, a toda su obra que un 9 de junio de 1999 abrió sus puertas para no volver a cerrarlas nunca.

A la recepción, Jesús Arechavaleta, mentor del relato que recorre la historia de Ontañón, y Pablo García Mancha, encargado de dar alas a esta creación. La experiencia enoturística que esta vez van a ofrecer llevará un orden inverso al habitual en el resto de visitas, pero igual de pausada que todas. Porque la esencia de Ontañón se aprecia bajo la calma, sumergiéndote en una nueva dimensión que no entiende de relojes y donde solo existen los tiempos del vino.

La experiencia más sensorial de Campo Viejo: wine bar, terraza y sunset

Los primeros pasos que Campo Viejo dio como enclave vinícola hace dos décadas ya fueron bajo la premisa de crear una bodega visitable y accesible, muy enfocada al consumidor para que este pudiera conocer mejor la marca, que porta a sus espaldas más de 50 años. Una «visión muy aperturista» que constituye la esencia de la firma. Tanto es así que la bodega permanece abierta al público todos los días del año de lunes a domingo.

Campo Viejo siempre ha apostado por el enoturismo y por el trabajo realizado en el visitor center, por ello siempre trata de innovar, ofreciendo experiencias originales y especiales a quienes la visitan, además de contar con un personal profesional especializado en el desarrollo de actividades de bodega.

«A veces el concepto de visita de bodega se centra en el tradicional tour con la cata de vinos, pero en Campo Viejo hemos desarrollado un amplio paquete de actividades para que el consumidor pueda seguir viniendo para experimentar cosas diferentes en muchos momentos a lo largo del año», explica Marta Gómez, responsable de Enoturismo de Campo Viejo.

Bodegas Campillo: desconexión y disfrute a solo 15 minutos de Logroño

Bodegas Campillo, enclavada en la villa de Laguardia, aborda una nueva temporada con sus exteriores puestos a punto para recibir con los brazos abiertos a los mejores paladares. A solo 15 minutos de Logroño, la firma brinda un escenario ideal para vivir un momento de desconexión y disfrute en la terraza de la bodega.

Aire libre, entorno privado y tranquilo, vistas impresionantes al viñedo... Bodegas Campillo quiere que la única preocupación de sus visitantes sea la elección de la copa a degustar, si optan por un vino blanco fermentado en barrica, por el Rosé Garnacha al estilo provenzal o si el paladar prefiere El Niño, un tinto con un toque a madera.

Y si te animas, prueba los vinos más 'top': Raro, Campillo 57 (el mejor vino del concurso Bacchus de 2021), el Reserva... Una cata en terraza acompañada por un aperitivo con el fin de crear el entorno perfecto para la relajación bajo el cumplimiento de todas las medidas sanitarias y de la mano del equipo que componen Álvaro, Sandra y Raquel, que aguardan expectantes para dar la bienvenida a sus próximos enoturistas.

Bodegas Altanza, un maridaje enoturístico entre el Rioja y La Rioja

Los jardines que rodean este enclave a las puertas de Fuenmayor invitan a perderse por una de las bodegas de Rioja referentes en los vinos Reserva. El enoturismo en Bodegas Altanza ha adquirido niveles premium desde su despegue hace cuatro años para aterrizar ahora en una oferta selecta, en 'petit comité', con el exterior como el gran anfitrión.

«Queremos que se convierta en uno de los principales pilares de la bodega, a nivel social y económico. De ahí que se haya comenzado por la renovación, reinvención y ampliación de la oferta enoturística, el refuerzo del departamento, la potenciación de los canales de comunicación, la mejora del posicionamiento, así como las facilidades para la reserva y gestión del pago». Fabiola Muñoz es la responsable de llevar todas estas estrategias a buen puerto y tiene claro que lo que está por venir va a situar en lo más alto a los vinos de Altanza, la marca Rioja y la cultura que la rodea.

La bodega deja atrás un periplo de cierres y reaperturas bajo el paraguas de la inestabilidad sanitaria y la incertidumbre para afrontar una etapa donde el disfrute del vino pasa a un segundo plano. «Hemos hecho un cambio por completo. Queremos que el turista conozca el Rioja, pero también La Rioja desde todos sus vértices», remarca la responsable de Enoturismo. La filosofía que acompaña a Bodegas Altanza es diversificar la visita y sacar las actividades al entorno natural en una firme apuesta por la sostenibilidad y la responsabilidad ambiental.

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