Compañía de Vinos Heraclio Alfaro

La finca alfareña conocida como El Estarijo albergó, desde principios del siglo XX, un aeródromo que mantuvo su actividad hasta la segunda mitad del siglo pasado. En cualquier caso, su relación con la aviación ha marcado la historia de la bodega Heraclio Alfaro, ahora integrada en el grupo de origen gallego, Tierras Gauda.

Cuando el visitante cruza la verja de entrada, descubre la réplica de un antiguo y vetusto avión. Una de esas pequeñas aeronaves (mono o biplaza) que permanecen en la retina merced al celuloide. Al acercarse, una placa ilustra al enoturista y le explica que se trata de una réplica de una de las aeronaves utilizadas por uno de los pioneros de la aviación en nuestro país, el piloto vitoriano Heraclio Alfaro, que da nombre a la bodega desde el último cambio de propiedad.

Después, los profesionales de la bodega explican que la gran extensión plana (y ‘sembrada’ de cantos rodados evocando uno pasado lejano y cubierto de agua) fue en su día, la pista de aterrizaje de un aeródromo que tuvo una importante actividad en la zona por su localización estratégica entre Zaragoza, Pamplona y Logroño. Ahora, esa gran finca que rodea la bodega cuenta con cepas jóvenes de garnacha, mazuelo y graciano. Antes estuvo dedicada de forma exclusiva al tempranillo, pero la nueva propiedad decidió apostar por otras variedades que se adaptaban mejor a las condiciones climatológicas de La Rioja Oriental.

Las oficinas, la zona de elaboración y la nave de barricas se ubican en unos hangares totalmente reformados (especialmente su techumbre, de madera y a doble vertiente) del antiguo aeródromo que los han convertido en unos atractivos pabellones de trabajo.

Desde el año 2018, la bodega pertenece al grupo gallego Terras Gauda (que también cuenta con bodegas en las Denominaciones de Albariño y Bierzo, y otra bodega en Castilla y León, sin denominación).

La llegada del grupo gallego derivó en algunos cambios importantes en la bodega. Se le dio la denominación de Heraclio Alfaro, aprovechando la coincidencia del primer apellido del piloto alavés con la ubicación de la bodega (el segundo apellido, del que se prescinde para evitar errores, es Fournier, por ser también sobrino del fundador de la empresa vitoriana de naipes), pero además, se arrancó el tempranillo y se optó por plantar las nuevas variedades en vaso, para vendimiarse a mano –renunciando a la espaldera y la mecanización de la vendimia– por entenderse que había que buscarse la máxima calidad posible en los vinos y esa era una forma de conseguirla.

El camino del vino

La visita, que comienza en el exterior, arranca con la contextualización de la bodega y sus 50 hectáreas de viñedo propio, en un entorno claramente expuesto a un viento fuerte (que protege contra las plagas) y a un clima mediterráneo, pero bastante extremo que ofrece en invierno unas temperaturas bajas por influencia del Moncayo (ahora cubierto de nieve) y altas en verano, lo que favorece la maduración. Además, los cantos rodados que cubren el suelo marcan también el carácter de los vinos.

Actualmente, la producción de la bodega está lejos de sus máximos porque las viñas que sustituyeron al tempranillo todavía son muy jóvenes y de poca producción, por lo que se apoyan en otros productores para alcanzar las 300.000 botellas, 220.000 de las cuales corresponden al Heraclio Alfaro crianza, el vino de mayor volumen de la bodega y un vino que se exporta con éxito a diferentes mercados, especialmente del Viejo Continente.

Los 22 depósitos de acero inoxidable de 14.900 litros cada uno, funcionan ahora a un 40-50% de su potencial esperando que las cepas ‘recién’ plantadas vayan llegando a su madurez y aumenten su producción.

Ahí da el vino de la bodega sus primeros pasos y realiza su fermentación. Se trata de una sala moderna, donde la temperatura de cada depósito se controla con agua para alcanzar el ritmo deseado. Después el vino pasa a la coqueta nave donde reposan barricas principalmente de roble francés, con algunas de americano y conviven con fudres de madera de 700 litros que alojan al vino de autor que comercializa la bodega Heraclio Alfaro. Es el paso previo al embotellado, en el que se cubre la última fase de afinamiento del vino, antes de buscar acomodo en cualquier mesa.

Aceite propio

La finca que rodea la bodega alfareña dispone también de una pequeña plantación de olivos (algo que no es ajeno al entorno riojabajeño).

Heraclio Alfaro recoge las olivas y como las normas del Consejo de la DOCa le impide elaborar aceite en las mismas instalaciones en las que se hace vino, derivan la producción a una almazara próxima para que obtenga el oro líquido, lo embotelle y lo etiquete. «Luego, nos devuelven el aceite y es la propia bodega la que se encarga de comercializarlo», explican desde la firma vinícola alfareña.

FUENTE: La Rioja